I

No sé si fue la brisa o tu cuerpo
—tal vez mi cuerpo y tu brisa—
o el mar doblegado a lo lejos
¿un mar de brisas y cuerpos?

Hay sombras a ambos lados del espejo
—fondos de mares, cuerpos, brumas—
el arco inquieto de tus labios de ave,
la frágil garza descorriendo velos
¿hay garzas velando espejos marinos?

Túneles que llevan a espacios labiales
dormidos en esferas anilladas
—galaxias reprimidas, abismos, limos,
playas que concilian sueños de agua—
¿aguas conciliando anhelos de playas?

Y en el silencio caprichoso de las rocas
se escuchan lamentos de olas y vidrios,
gritan, cantan, giran, inventan azogues
de espejos cóncavos, líquenes copulando
—el Creador en su esfera apenas se inmuta—
arrecifes de mórbidos brazos coralinos
cobijando imágenes de labios secretos,
abismos bordeando ríos de barro y salivas
¿cómo penetrar tu roca con mis besos?
—busco a tientas respuesta a tus distancias—
¿tal vez rasgando la fría lámina de tus pechos?

Me siento perdido en la inmensidad de tu olvido
¿pueden los hielos conjugarse con las vísceras?

Miro a dios
pero él desvía la mirada
hacia la espuma que abraza las rocas.

Debe haber algún centro donde florezca la prímula.

Cierro los ojos,
me lanzo al vacío,
¿hay vacíos?

Ya soy eco.

      II

Nada sabemos del sueño
inquieto de las cigarras

Ni entendemos su cri cri
desesperado,

Tal vez anuncian dones,
tal vez amores,
o quizás desencanto,

¿Tal vez nos hablan?

      III

En el cielo la nube descalza
abre caminos a la estrella
donde contienes tu cuerpo.

Cabalga el agua por el mar ebrio de tu pelo,
anillos de espuma pintan surcos en tus mejillas
y en el cielo, la luna, seca la humedad de tu vientre.

Refleja la esfera una gota de vidrio,
pupila que contrae el mineral ardiente
retomando el sexo acuoso de Circe.

      IV

Las hojas van cayendo,
lleva guijarros la espuma,
recuerdos de entonces
y ahora,
mis ojos odian su mano
prendida en tu cintura;
tu mirada detenida
en el azul del pasado
y al otro lado mi isla,
el temblor de juncos
que no cesa.

      V

Me duelen tus silencios,
hasta tú me dueles
mientras dibujo lirios
erráticos en tu coraza.

Hay otras líneas
pero no convergen
con tu mirada.

      VI

Sofoco el interior de la fiera
mientras cubro con mis ojos
la guirnalda de tus pechos
arrebolados.

Cesa el viento sobre la tierra de nadie,
se han ido los fantasmas.

Es el puñal dorado de tu voz
lo que anhelo.

Otros espejos comparten la desnudez de tu cuerpo

      VII

El primer ideograma rompió la suave nota
extraída del arpa con tus dedos de arcilla.

Cuando tus besos imitaron la caricia de la pluma
se deslizaron dagas amenazantes en el alma.

Tendremos que inventar nuevos caminos
para contar las vidas, lluvias y tropiezos.

No basta la esquela de letras incoloras
para aliviar la soledad del beso primero,

Junto al miedo del último destello reposa
el perfil de una mano rozando tu mano.

      VIII

Aunque digas haber nacido de la piedra
tu origen delata sombras de amapolas
cobijando el néctar de estambres de trapo.

En la cima de la montaña prohibida
encuentro esqueletos de viejas poesías,
el viento silba, pesa el sol sobre las flores,
recorro versos ajados que hablan de penas,
de arrullos de un tiempo dormido en la niebla,
caricias lejanas, celebrando sueños descalzos,
aspirando fragancias de frutos prohibidos
que escriben mi nombre en tu bajo vientre.

      IX

Rocé con mi dedo tu boca encarnada
intentado llegar a tu verbo de fuego,
solo encontré entre rescoldos lejanos
huellas de labios que no eran mis labios.

Tu cuerpo es el jardín donde florece en primavera
un río de fragancias que desemboca en mis dedos;
en mis dedos y en otros dedos ajenos a mis dedos.

¿Puede la lluvia alisar el repliegue de los ecos?

      X

Transparente,
como el agua del río
es la caricia del día en tu pelo.

      XI

Capto en la calle desierta
—hay destellos ocultos
en paredes y ventanas—
demonios deambulando
por el asfalto de tus muslos.

Párpado quieto, reteniendo
lágrimas aprisionadas,
ojos que no ven,
¿o no quieren ver?
luz negra atormentando
mi sepulcro interno.

      XII

Esta noche no saldrás, luna,
la tarde se lo ha dicho al búho,
el búho a la fuente cercana
y ésta a los enamorados
que te esperan en el lago.

      XIII

Cada atardecer
una lágrima de doncella
llega a los bordes del río.

En el mar, los peces esperan
reflejos azules contenidos
en el pico del ave que vuela,
pintando alegrías infantiles
en el cristal donde habitan los niños.

      XIV

Es bella la casa donde te desnudo,
la piedra, el cielo, la montaña,
la flor, el libro que adormece tu párpado,
el aire que respiras, la piel imaginada,
hasta mis ojos son bellos
al ser tocados por tus ojos.

      XV

Gime la arena al notar tus latidos,
no es lujuria lo que penetra el alma
sino la algaraza rugiente de la espuma
ansiando evaporarse en el hueco desnudo
que media entre tu pecho y mis labios.

      XVI

Bajo la sombra de mi tranquila calle
oigo tus pasos adornando el aire,
tienes el porte de una brizna de hierba
libando el magma secreto de otros labios.

Me quedan solo tus piernas carnívoras
agitando el enigma planetario de mi eclipse.

      XVII

Hueles a hoja muerta
violentando barros
bajo la lluvia de otoño.

Nunca debimos agitar las brasas
ni remontar ríos de aguas quietas.

Se contemplan las memorias
atravesando lagos de lava seca,
extrañas paredes primitivas,
pupilas dibujadas en el fuego
de danzas peregrinas piel a piel
—aquel pliegue de tus ojeras—
labio a labio en el borde inmóvil
de delfines y archipiélagos
redondeando dunas de ensueño.

      XVIII

Un arco iris
aureoló tu cabello
y murió el día
mientras la noche
hecha mariposa
aleteaba en tu sueño
dormida en tu regazo.

      XIX

La mirada lejana de un niño se pregunta
por qué yace a sus pies, tronchada,
la frágil peonía.

      XX

Nuestra paleta de amor se ha vuelto gris.

Tras la ventana dolida.
la brisa trae sonidos,
los sonidos besos
y los besos ecos
de caricias animales
que ya no son.

      XXI

Al no poder recrear firmamentos
en los difusos recodos de tu mirada
uno tras otro llegaron los inviernos
segando poesías.

La casa quedó vacía,
pálidas paredes de olvido,
pero aún conservo en mi boca
el sabor del beso postrero
enredado en la madreselva
de tu pelo.

Antonio García Vargas

Mis años no entienden de órbitas ni narcisos,
sólo de sombras
esculpidas
en silencio,
mentira paisajística para acallar las sílabas
que pugnan en vano por escalar tu espejo.

Embeleso
              que trasciende,
                                    aleteo extasiado
de mariposa hambrienta
de suspiros,
rugir de lágrima enamorada del ocaso,
prímula marchita soñando la tristeza
de la primordial caricia de un beso amurallado.

Soplo de aire fresco sobre arpa polvorienta,
transición que lleva a la obscura fusión
de la memoria compartida con los astros,
más allá del dolor,
            del gemido,
                       del jadeo.

Miro el mapa núbil de tu cuerpo en llamas
enlazado a la palabra del tacto, éxtasis
interpretado por amante en la hora ciega
que me roba el sabor de tu desnudo trópico.

La tenue línea que separa la angustia del piano
tras los fuegos fatuos de mis córneas celestes.

En mis cuencas vacías hay alacranes rosa
que pugnan por llegar al chirrido frágil
del animal que duerme en tu pezón de jade,
resguardado del gélido aire de mi invierno.

Vientre abandonado a la sombra del horizonte,
preámbulo de caricia enmohecida, llanura
explorada por la memoria del destino ciego.

Nos separa la barrera de un manojo de flores
manipulando el tenue trazo deshilachado.

Noche fría, gris, lóbrega, asexuada,
pululando incansable, contando pezuñas
bajo la ventisca de ceniza y profecías.

Doméstica mezcolanza de abejas coronadas,
dibujando la ruleta donde patinan los búhos.

Penetro el mármol
con las yemas de mis dedos ateridos,
me fundo en el estupor de la estatua ignota
y añado, bajo la mirada ardiente del espejo
un nuevo capítulo amargo a mi personal infierno.

En un rellano de tu almohada de flores,
      sedas
            yausencias,
yace tronchado un primer beso
desnudo de malicias.

Antonio García Vargas

La muerte nace con la ambigüedad
incaptable del instante, lo que hace
que florezca la duda de si es o no es.

Surgen lenguas de agua que bajan jugando con tus párpados,formando pequeños ríos que copulan con el nácar detus pechos antes de convertirse en poesía. El infierno se hacecada vez más envolvente y una extraña sensación meobliga a dejar de teclear.

Miro en derredor,
no veo más que sombras,
acechando, mas…
percibo tus efluvios.

Lanzo el cigarrillo por la ventana, aparto mis manos del ordenadorinterrumpiendo mi creación; dejo que la negra lágrima sedeslice por tu pálido rostro mientras se columpia unmohín en tus labios entreabiertos buscando el sutil tacto delequilibrio perdido.

Proyecto mi alma
para que indague
traspasando tu cuerpo,
y observe
la posible afinidad
con mi ser, y si hay
en ti algo más
que un cuerpo fingido.

Acerco mis labios a la pantalla y beso en tus labios mis últimaspalabras escritas, sé que el  tramo final de la nocheserá intenso, estéril como el inicio del nuevo amanecerque ya no veré. Se nos rebeló el instante queconstruí entre el llano y la colina, aquel que asesinó elpuente levadizo de nuestros versos en el ángulo obscuro.

Modificaré el término ideal
de una ecuación apasionada
llevada al infinito de tu lágrima,
buscando episodios y baladas,
músicas, vientos y naufragios.

Hay que determinar si la Nada
es cómplice, llanto o astilla
de minúsculas partículas
que resisten el análisis
de la razón subjetiva.

Antonio García Vargas

Al terminar la danza desaparecieron las muchachas y quedétriste, atrapado en el último reflejo.

Torné a abrir los ojos, oh, vida amada, ¿huían demí? el sol  se ocultó
dando paso al prado húmedo sumergido en la insondable penumbra;
me veo rodeado por algo desconocido que me contempla pensativo,
¿vives aún?
¿por qué?
¿para qué?

¿Acaso quieres seguir viviendo eternamente?

¡Ay, amigos! Es mi pasada tarde quien pregunta dentro demí, perdonad,
perdonad mi tristeza ante el mar de los sepulcros, el silencioso,ahí están
cada una de las tumbas cavadas en mi juventud y quiero llevar porsiempre
la verde corona de vida mostrando el perfume del corazón y elrecuerdo
de otros muertos que murieron pronto para mí, como manzanasmaduras.

¡Soy heredero de vuestro amor!
os tuve a vosotros,
me tuvisteis a mí,
¿a quién le cayeron del árbol
tantas manzanas rosa?
el suelo florece con racimos
de motivos lilas, celestes
y extraños prodigios propicios.

En verdad, demasiado pronto huisteis de mí y yo de vosotros
como tímidas avecillas fugitivas buscando secretas eternidades;
anudé con fuerza el instante para convertirlo en horas venideras
olvidando que tras nosotros yacía el círculo de la noexistencia.

Para matarme a mí
os han estrangulado,
mis pájaros cantores,
mi esperanza,
¡si, amados míos!

Disparó la maldad sus dardos
para herir mi corazón
¡dieron en el blanco!
porque erais lo que amaba,
mi posesión y mi ser poseído,
mi fuerza, mi don, mi latido perfecto.

Por ello moristeis jóvenes, tal cual
romances suspendidos en el tiempo,
¡mi flanco débil erais vosotros!
piel suave, delicada, sonrisa
que perece por una mirada.

Quebraron  visiones de perpetua juventud
y mis prodigios más queridos, abreviando
esta eternidad de lágrimas, ángulos y  preludios.

Caísteis como seres divinos ajusticiados por la intolerancia
en la hora propicia de los monstruos deglutiendo promesas.

Invulnerable soy exceptuando mi talón, Parca,
asesinaste mi éxtasis con los sones inexpresados
de puñales, cítaras y resurrecciones;
subsisto a ti, pasando por y entre ti,
conseguiste llenar mis sueños de sepulcros, mas
no evitarás la náusea en la pupila del últimopoeta
que te aguarda paciente en el tramo final de la profecía.

Antonio García Vargas

Antes que hombre fui árbol, pájaro, viento y trovador que anidaba versos en tus cabellos…

moví montañas y alteré cauces de ríos,empuñando el timón que cerró tus párpadosadormecidos mientras el aire invasor mantenía erectos losmástiles de tus pechos,

mientras velo tu sueño
invento signos
adolescentes
que acarician con dedos
de luz enamorada
la fugacidad de tu talle…

antes de ser poeta, mis ojos iluminaban senderos perdidos en lanebulosa oscuridad del lago Aquerusíade, mientras descifrabacaracteres cuneiformes con susurros de albatros…

licuaba cuerpos desnudos haciéndoles participar como puentes demis abismos, preparando la llegada del Cristo negro que cubriríade ataúdes las aceras de la ciudad sin nombre…

pasé mi infancia contemplando los jardines suspendidos deBabilonia…

a cada pestañeo,
nuevos universos
son abatidos
por el equívoco que te circunda,
mas…
no podemos romper el conjuro
del punto de fusión y de olvido…

fue una tarde, en febrero,
los gorriones anidaban música
entre coplas, en los árboles
y tomados de la mano soñábamos…

alguien gritó: ¡viva la libertad!
y sentí el beso de la muerte…

allí estaba yo, en la acera,
muerto sin saber por qué,
mirando tus ojos y mis ojos
llorando, por no poder besarte…

la tarde había sido devorada por el destello cruel de unrío de sangre cargado de ausencias, me sentí transportadoa la oscuridad como un dios en el exilio al que le es negado elenfrentamiento con la noche amortajada de Drök y el ceñomultiplicado del Tártaro.

… el mismo ceño que mostraste
cuando la sordera de Beethoven
hizo cantar a Cristo en su Misa
mientras el sexo de Penélope
templaba el arco de Ulises.

Antonio García Vargas

El movimiento
es una sucesión
de inmovilidades;
siempre hay
un instante infinitesimal
que ya no es.

Finjo total inmovilidad y paralizo el instante presente. Busco en lamemoria dormida el último nexo y conecto tu presencia a mianhelo. Mi corazón bombea una onda violeta que se expandelentamente hacia el túnel que lleva a tu espejo; eclipseshermafroditas roban brillos lunares mientras cuerpos opacos de inciertaprocedencia lloran lágrimas de cuarzo.

Nuestro amor se alimenta,
no de una relación recíproca
de presencias,
sino de la comunión interna
de dos seres en los cuales
el presente es siempre presente
en la memoria del tiempo.

Sombra negra, te abates sobre mí; descarnada forma queensombrece mi ánimo desgajando notas, desencadenando errores.

En postrer intento por ver tu imagen, alzo el brazo intentando apartarla muerte de la cicatriz que oculta tu nombre tras la otra soledad deldesengaño y la ceniza; mi yerto brazo rebota blandamente sobrela fría losa de mármol, fragmentando el lamento del loboherido.

Perdido en la disyuntiva
del fui,
soy
o seré,
dejo constancia de mi queja
trascendiendo estados fosforescentes
de la conciencia interna del Tiempo.

La dimensión presente
del amor universal,
—de la muerte del cuerpo—
no sería posible
si no se vislumbrara en el horizonte
la posibilidad de ruptura.

Antonio García Vargas

Huyendo de fantasmas
pasados, exorcizo jirones
de mujeres sombrías,
enarbolando dagas.

Ánimas danzando al calor de una brasa
apagada.
 
Olor a celda vacía,
libertad rota,
letargo del sentimiento,

amor
entre sábanas de olvido,
suspiro
cercenado por la mañana antigua.
 
Brazos que exprimen el barro
sagrado.

Hombre sin alma apenas sería
redoble incoloro de campana hueca;
dejadme,
dejadme al menos
rescatar del humo la letra violada
de mi primera poesía.

Antonio García Vargas