Avant que le vent soit devenu mer renversée
que la nuit ait revêtu ses vêtements de deuil
et que les étoiles et la lune installent sur le ciel
          la blancheur de leur corps.

Avant que la lumière, que l´ombre et que la montagne
regardent se lever les âmes de leurs sommets;
avant que quelque chose flotte dans l´air;
          le temps avant le début.

Quand l´espérance n´était pas encore née
et que les anges n´erraient pas encore dans leur constante blancheur;
quand l´eau n´était pas encore dans la science de Dieu;
          avant, avant, plus avant.

Quand il n´y avait pas de fleurs dans les sentiers
parce qu´il n´y avait pas de sentiers et que les fleurs n´existaientpas;
quand le ciel n´était pas bleu ni les fourmis rouges,
          nous étions toi et moi.

Mueve los aires, torna en fuego
su propia mansedumbre: el frío
va al asombro y el resplandor
a música es llevado. Nadie
respira, nadie piensa y sólo
el ondear de las miradas
luce como una cabellera.
En la sala solloza el mármol
su orden recobrado, gime
el río de ceniza y cubre
rostros y trajes y humedad.
Cuerpo de acontecer o cima
en movimiento, su epitafio
impera en la penumbra y deja
desplomes, olas que no turban.
Muertas de oprobio, en el espacio
dormitan las familias, tristes
como el tahur aprisionado,
y añora la mujer adúltera
la caridad de ajena sábana.
Bajo la luz, la bailarina
sueña con desaparecer.

Alí Chumacero

Prima che il vento fosse mare rovesciato,
che la notte si aggiogasse al vestito di lutto
e che le stelle e la luna stabilissero sul cielo
        l´albore dei loro corpi.

Prima che eccesso di luce e che montagna
guardassero alzarsi le anime delle loro cuspidi;
prima che qualcosa stesse galleggiando sotto l´aria;
        tempo prima del principio.

Quando ancora non nasceva la speranza
né vagavano gli angeli nel loro fermo candore;
quando l´acqua non esisteva nemmeno nella scienza di Dio;
        prima, prima, molto prima.

Quando ancora non c´erano fiori nei sentieri
perché i sentieri non c´erano né c´erano i fiori;
quando il cielo non era azzurro né azzurro né rosse le formiche
        già eravamo tu e io.

Elle remue les airs, elle tourne en feu
sa propre douceur: le froid
va à la frayeur et l´éclat
est emporté en musique. Personne
ne respire, personne ne pense et seulement
le flottement des regards
luit comme une chevelure,
Dans la salle, murmure le marbre
son ordre recouvré, gémit
le fleuve de cendre et il couvre
les pistes et les habits et l´humidité.
Corps à survenir ou cime
en mouvement, son épitaphe
règne dans la pénombre et laisse
des chutes, des vagues qui ne dérangent pas.
Mortes d´opprobre, dans l´espace
somnolent les familles, tristes
comme le tricheur emprisonné,
et la femme adultère regrette
la charité d´un drap étranger.
Sous la lumière, la danseuse
rêve de disparaître.

Naciste desde el fondo de la noche,
del sueño donde el tiempo comienza a ser raíz
y la mirada sólo tibio aire,
cuándo aún no era ojo, sino apenas un viento suave,
un aroma erigido sin mano que lo toque.

Eras la flor ahogada flotando sobre el cuerpo
en nuestro amanecer hacia la luz;
destrozabas la noche con tus ojos,
hundida en mi desnudo
tal un vivo rumor de brisa que al oído
volcara la virtud de su marea,
y mi aliento en tu savia navegaba,
y tu voz en mi pulso se moría
como sombra de ave agonizante,
transformando mi cuerpo en sueño tuyo,
en vivo espejo abandonado
o silencio que cruza los espacios.

Alí Chumacero

She moves the air, her own gentleness
returns to fire: the cold
to amazement and the splendor
arises to music. No one
breathes, nobody thinks and only
the undulation of the glances
shimmers like hair a comet trails.
In the drawing room the marble sobs
its propriety recovered, the river
of ashes groans and hides
faces and clothes and humidity.
Body of happening or peak
in motion, its epitaph
prevails in the half-light and forsakes
collapsing, untumultuous waves.
Lifeless in ignominy, in space
the families doze, sad
as the imprisoned gambles,
and the adultress longs for
the charity of another´s sheer.
Under the light, the dancer
dreams of disappearing.

Cayó desnuda, virgen, la palabra;
calló la virgen desnudada
bajo mi cuerpo, trémulo latir
que hoy apenas si me pertenece
y me embriaga con cálido rumor,
rodea mi epidermis,
se introduce letal bajo mi lengua,
y mis párpados no lo miran
pero lo sienten desalado,
desolado que busca entre la noche
la amarga conjunción
de dos manos eternamente unidas
en el estrecho abrazo de la muerte.

Calló la voz. Mudos los labios
ciñéronse a la sombra
incendiando el incienso de su caída flor;
tan quietos como el sueño que también esperaban
con ansiedad de ciego sobre el tacto,
descansando angustiosos como árbol sin fruto
bajo la primavera. Y mi cuerpo cayó
a un desesperado cuerpo
y desde entonces siente
cómo crecen sus nervios en una dura ruina
hecha de sombra y voz estremecidas
por el vivo temor de estrecharse a la noche
como el mar a las aguas que lo nutren
o la voz a los labios, fuente muda;
y en la quietud nacida
de este limpio silencio que por mi cuerpo corre,
destrozados los labios, la voz y la palabra,
anclado entre mí mismo,
el fuego de mi tacto se adormece
en esta soledad bajo la flor del sueño.

Alí Chumacero

Abro la puerta, vuelvo a la misericordia
de mi casa donde el rumor defiende
la penumbra y el hijo que no fue
sabe a naufragio, a ola o fervoroso lienzo
que en ácidos estíos
el rostro desvanece. Arcaico reposar
de dioses muertos llena las estancias,
y bajo el aire aspira la conciencia
la ráfaga que ayer mi frente aún buscaba
en el descenso turbio.
No podría nombrar sábanas, cirios, humo
ni la humildad y compasión y calma
a orillas de la tarde, no podría
decir «sus manos», «mi tristeza», «nuestra tierra»
porque todo en su nombre
de heridas se ilumina. Como señal de espuma
o epitafio, cortinas, lecho, alfombras
y destrucción hacia el desdén transcurren
mientras vence la cal que a su desnudo niega
la sombra del espacio.

Ahora empieza el tiempo, el agrio sonreír
del huésped que en insomnio, al desvelar
su ira, canta en la ciudad impura
el calcinado són y al labio purifican
fuegos de incertidumbre
que fluyen sin respuesta. Astro o delfín, allá
bajo la onda el pie desaparece,
y túnicas tornadas en emblemas
hunden su ardiente procesión y con ceniza
la frente me señalan.

Alí Chumacero

Llegas, amor, cuando la vida ya nada me ofrecía
sino un duro sabor de lenta consunción
y un saberse dolor desamparado,
casi ceniza de tinieblas;
llega tu voz a destrozar la noche
y asciendes por mi cuerpo
como el cálido pulso hacia el latir postrero
de quien a solas sabe
que un abismo de duelo le sostiene.

Nada había sin ti,
ni un sueño transformado en vida,
ni la certeza que nos precipita
hasta el total saberse consumido;
sólo un pavor entre mi noche
levantando su voz de precipicio:
era una sombra que se destrozaba,
incierta en húmedas tinieblas
y engañosas palabras destruidas,
trocadas en blasfemias que a los ojos
ni luz ni sombra daban:
era el temor a ser sólo una lágrima.

Mas el mundo renace al encontrarte,
y la luz es de nuevo
ascendiendo hacia el aire
la tersa calidez de sus alientos
lentamente erigidos;
brotan de fuerza y cólera
y de un aroma suave como espuma,
tal un leve recuerdo
que de pronto se hiciera un muro de dureza
o manantial de sombra.

Y en ti mi corazón no tiene forma
ni es un círculo en paz con su tristeza,
sino un pequeño fuego,
el grito que florece en medio de los labios
y toma a ser el fin
un sencillo reflejo de tu cuerpo,
el cristal que a tu imagen desafía,
el sueño que en tu sombra se aniquila.

Olas de luz tu voz, tu aliento y tu mirada
en la dolida playa de mi cuerpo;
olas que en mí desnúdanse como alas,
hechas rumor de espuma, oscuridad, aroma tierno,
cuando al sentirme junto a tu desnudo
se ilumina la forma de mi cuerpo.

Un mar de sombra eres, y entre tu sal oscura
hay un mundo de luz amanecido.

Alí Chumacero

J´ouvre la porte, je retourne à la miséricorde
de ma maison où la rumeur défend
la pénombre et le fils qui n´a pas été
sent le naufrage, la vague ou le tissu fervent
où dans des étés acides
le visage s´efface. L´Archaïque repos
de dieux morts remplit les demeures
et sous les airs la conscience aspire
la rafale que mon front cherchait encore hier
dans le déclin trouble.
Je ne pourrais nommer les draps, les cierges, la fumée
ni l´humilité ni la compassion ni le calme
aux rives de l´après-midi, je ne pourrais pas
dire «ses mains», «ma tristesse», «notreterre»
parce que tout en son nom
s´illumine de blessures. Comme signal d´écume
ou épitaphe, des rideaux, des lits, des tapis
et la destruction s´écoulent vers le dédain,
pendant que triomphe la chaux qui nie à sa nudité
l´ombre de l´espace.

Maintenant commence le temps, le sourire aigre
de l´hôte qui dans l´insomnie, en dévoilant
sa colère, chante dans la cité impure
le son calciné et qui purifie à la lèvre
des feux d´incertitude
qui coulent sans réponse. Astre ou dauphin, là-bas
sous l´onde disparaît le pied,
et les tuniques devenues emblèmes
cachent leur ardente procession et avec de la cendre
me marquent le front.