Me miro frente a mí, rendido,
escuchando latir mi propia sangre,
con la atención desnuda
del que espera encontrarse en un espejo
o en el fondo del agua
cuando, tendiendo el cuerpo, ve acercarse
su sombra, lenta e inclinada,
a la suprema conjunción
de dos pulsos perdidos en sí mismos,
como doble sueño o palabra
inserta en eco hasta llegar
a la primera orilla del silencio.

En espejo de sueños estoy junto a mí mismo
y mi imagen se asoma alargando los brazos,
buscando asir lo inasidero,
lo que dentro de mí resuena
como sombra apresada en las tinieblas
que quisiera hallar una luz
para poder nacer.
Estoy junto a la sombra que proyecta mi sombra,
dentro de mí, sitiado,
intacto, descansando leve
sobre mi propia forma: mi agonía,
y en vano quiero ya cerrar los ojos,
dejar los brazos a su propio peso
o que el agua del silencio lave mi cuerpo,
pues ya mi sueño frente a mí me nombra,
ya destroza el espejo en que se guarda
y reclina su voz sobre la mía:
ya estoy frente a la muerte.

Alí Chumacero

Surges amarga, pensativa,
profunda tal un mar amurallado;
reposas como imagen hecha hielo
en el cristal que te aprisiona
y te adivino en duelo,
sostenida bajo un mortal cansancio
o bajo un sueño en sombra, congelada.
En vano te defiendes
cuando tus ojos alzas y me miras
a través de un desierto de ceniza,
porque en ti nada existe que delate
si por tu cuerpo corre luz
o un efluvio de rosas,
sino temor y sombra, la caída
de una ola transformada
en un simple rocío sobre el cuerpo.
Y es verdad: a pesar de ti desciendes
y no existe recuerdo que al mundo te devuelva,
ni quien escuche el lánguido sonar de tus latidos.
Eres como una imagen sin espejo
flotando prisionera de ti misma,
crecida en las tinieblas de una interminable noche,
y te deslíes en suspiros, en humedad y lágrimas
y en un soñar ternuras y silencio.

Sólo mi corazón te precipita
como el viento a la flor o a la mirada,
reduciéndote a voz aún no erigida,
disuelta entre la lengua y el deseo.
De allí has de brotar hecha ceniza,
hecha amargura y pensamiento,
creada nuevamente de tus ruinas,
de tu temor y espanto.
Y desde allí dirás que amor te crea,
que crece con terror de ejércitos luchando,
como un espejo donde el tiempo muere
convertido en estatua y en vacío.
Porque ¿quién eres tú sino la imagen
de todo lo que nutre mi silencio,
y mi temor de ser sólo una imagen?

Alí Chumacero

L´automne assiège la vallée, l´iniquité
déborde, et la colline sacrilège à l´éblouissement
répond sous forme de vengeance. La poussière mesure
et le malheur sent qui galope
là où tous frappent avec fureur:
assister prisonnier au cercle brisé
du fils qui surprend le père contemplant
à travers la fenêtre obstruée de sable.
Le sang de l´homme victime de l´homme
assiége les portes, et clame : «Ici personne n´existe»,
mais il habite la demeure le barbare qui cherche
la dignité, le joug de la patrie
interrompue, atroce à la mémoire,
comme le mari regarde en face la femme
et sur le seuil rapproché l´empreinte étrangère force
le tremblement qui précède l´infortune.

Fer et cupidité, la lèpre impotente
des haines qui encouragèrent les rapines et les illusions
humecte la semence. Ils en arrivent au duel
frère contre frère et sans pitié
tournent en pause le régne du stigmate:
l´orgueil pousse le saut vers le vide
qu´au déclin du vent l´aigle abandonne
en figurant une statue qui est tombée.

Renversée dans la moquerie de la foule
l´après-midi se défend, redouble l´épaisseur
devant les pierres qui ont perdu les fondations.

Son offense est compassion quand nous passons
de l´alcôve dorée à l´ombragée
avec la sécurité de la flammèche: à peine
un instant, éclair serein tel un soldat
ivre qui attend la dégradation.

Enfants, nous souriions à la furie
en faisant confiance à la rancune et parfois à l´envie
devant le ruffian qui à l´improviste prend congé
et sans parler descend de la bête
à la recherche du repos. Le jeu est sien,
masque qui s´écarte de la scène, catastrophe
qui aime son délire et avec délices perd
le dernier vestige de sa colère.

Vint le doute comme la passion du vin,
des corps tels des poignards, ce qui transforme
la jeunesse en tyrannie: les plaisirs
et l´équipage des péchés.
Un éclatement soulevait dans le déshonneur
le tumulte opaque et les environs étaient
des tambours ignorés et des cris et des sanglots
pour ceux que personne n´appelait alors «frères».

À la fin j´ai cru que le jour calmait
sa propre malédiction. Les nuages, le mépris,
le site devenu éclair par l´amoureuse phrase,
vaisselle, huile, arômes, tout était
un habile apaisement de l´ennemi,
et j´ai découvert ensuite sur le naufrage des tribus
qui allaient, chaînons d´écume cahotant
aveugles sur un travers du navire.

Alí Chumacero
Translation by William Carlos Williams

Si acaso el ángel desplegara
la sábana final de mi agonía
y levantara el sueño que me diste, oh vida,
un sueño como ave perdida entre la niebla,
igual al pez que no comprende
la ola en que navega
o el peligro cercano con las redes;
si acaso el ángel frente a mí dijera
la última palabra,
la decisión mortal de mi destino
y plegando las alas junto a mi cuerpo hablara,
como cuando el rocío desciende lento hacia la rosa
al dar el primer paso la mañana,
ya miraría en mi sangre
el negro navegar, la noche incierta,
el pájaro que sufre sin sus alas
y la más grave lentitud: la muerte.

Aun cerca de la íntima agonía
estás, oh muerte, clara como espejo;
más abierta que el mar,
más segura que el aire que entró por la ventana,
más mía y más ajena
por mi sangre y mis brazos
en esta soledad.
Estás tan fértil como niño
que, angustiado, llora antes de ser,
entre la sangre siendo
y por la piel más vivo que la piel;
te llevo como árbol, tierra y cauce,
y eres la savia pura,
la flor, la espuma y la sonrisa,
eres el ser que por mi sangre es
como la estrella última del cielo.

Si acaso el ángel sigiloso
abriera la ventana
te miraría salir interminablemente
como un tiempo cansado
hacia su sombra vuelto,
como quien frente al mundo se pregunta:
«¿En qué lugar está mi soledad?»

Si acaso el ángel me mirara,
abierta ya la niebla de mi carne,
sin nubes, sin estrellas,
sin tiempo en que mecer la luz de mi agonía,
encontraría tan sólo a ti, oh muerte,
llevándome a tu lado, fiel;
te encontraría tan sola a ti, sin mí,
ya sin cuerpo ni voz,
sin angustia ni sueños,
te hallara entonces pura, oh muerte mía.

Alí Chumacero

Desnuda, mi funesta amante
de piel vencida y casta como deshabitada,
sacudes sobre el lecho voces
y ternuras contrarias a mis manos,
y un crepúsculo escucho entre tu cuerpo
cuando al caer en ti agonizo
en un nacer marchito, sin el duelo
comparable al temor de tu agonía.

Contigo transparento la caída
de un alud o huracán de rosas:
suspiros de manzanas en tumulto
diciéndome que el hombre está vencido,
confuso en amarguras y vacías miradas.
En ti respondo al mundo, y en tu cuerpo
respiro ese sabor de los sepulcros;
una noche no más, y tu mirada
persiste, implora y vence entre mis ojos,
decidida a una lucha prolongada
donde el recuerdo se convierte
en esa aérea languidez del pensamiento,
como materia de tus ojos mismos.

Lloras a veces arrojando
fúnebres aguas de perfume ciego,
como si desprendida de una antigua idea
vinieras hasta mí, tan clara
como un ángel dormido en el espacio,
a dejar evidencia, luz y vida;
y en tus lágrimas miro surgir tu suave piel
como si en ellas prolongaras
o hicieras más probable tu existencia,
derramando el aroma de tu sueño
sobre esta soledad de tu desnudo.

Alí Chumacero

Autumn surrounds the valley, iniquity
overflows, and the hill sacred to splendor
responds in the form of a revenge. The dust measures
and misfortune knows who gallops
where all gallop with the same fury:
constrained attendance on the broken circle
by the son who startles his father gazing
from a window buried in the sand.
Blood of man’s victim
besieges doors, cries our: «Here no one lives,»
but the mansion is inhabited by the barbarian who seeks
dignity, yoke of the fatherland
broken, abhorred by memory,
as the husband looks at his wife face to face
and close to the threshold, the intruder
hastens the trembling that precedes misfortune.

Iron and greed, a decisive leprosy
of hatreds that were fed by rapine and deceits
wets the seeds. Brother against brother
comes to the challenge without pity
brings to a pause its stigma against the kingdom of pity:
arrogance goads the leap into the void
that as the wind dies the eagles abandon
their quest like tumbled statues.

Emptied upon the mockery of the crowd
the afternoon defends itself, redoubles its hide
against stones that have lost their foundations.
Her offense is compassion when we pass
from the gilded alcove to the somber one
with the fixety of glowing coals: hardly
a moment, peaceful light as upon
a drunken soldier awaiting his degradation.

We can smile later at our childish furies
giving way to rancor and sometimes envy
before the ruffian who without a word taking leave
descends from the beast
in search of surcease. The play is his:
mask quitting the scene, catastrophy
overtaking love with its delirium and with delight
looses the last remnant of its fury.

Came doubt and the lust for wine,
bodies like daggers, that transform
youth to tyranny: pleasures
and the crew of sin.
A bursting rain of dishonor
a heavy tumult and the nearnesses
were disregarded drums and cries and sobs
to those whom no one calls by the name of «brother».

At last I thought the day calmed
its own profanities. The clouds, contempt,
the site made thunderbolts by love’s phrases,
tableware, oil, sweet odors, was all
a cunning propitiation of the enemy,
and I discovered later floating over
the drowned tribes, links of foam tumbling
blindly against the sides of a ship.

Alí Chumacero
Translation by William Carlos Williams

Inserto en soledad
de palabra vertida
que apenas hiriera el silencio,
siento la voz del sueño
con su descenso casi imperceptible
y sus labios de hielo,
mas no el letal dolor que de mí nace,
ni la perenne dicha del misterio aclarado
más allá de las cosas,
del último verano de la sangre
que en su final latir
crece trémula y nos inunda
de su postrer sollozo,
sino el misterio mismo con su propia presencia,
sus invisibles alas, sus invencibles olas
y la marea con que ahoga
la más inundada palabra
o aun la propia voz,
y llega sobre el lecho, silencioso,
negando su sonido,
a destacar su dura esencia
a despertar mi sueño con su sombra,
a rescatarse en mí
como cristal que guarda el recuerdo del aire,
como cuando el silencio
navega en aguas del silencio,
y sobre mi cuerpo desnudo,
tocando con su piel la húmeda frialdad
de mis labios y voz,
llegando hasta debajo de mis párpados,
me inunda lentamente, me apresa con sus redes
y en su océano quedo
como última voz abandonada
o el naufragio de sombra sobre sombra,
y comprendo que sueño y sombra,
confusos para siempre,
no pueden exclamar: «Ésta es mi sangre».

Alí Chumacero

Entre mis manos vives
en confusión de nacimiento y corazón herido,
como desvanecerse o contemplar
un alto simulacro de ruinas;
sobre mis dedos mueres,
materia pensativa que se abate
bajo el murmullo de mi tacto,
y eres tristeza en mí,
suave como la forma de la nieve,
como cerrar la puerta
o mirar la inocencia de una pluma.

Nacida para mi caricia,
con un perdón que olvida y un comienzo
de éxtasis y aromas,
me acerco hacia tu aliento,
tu oído con mis labios toco y digo
que nuestro amor es agonía,
que escuches mi temor y mi palabra de humo
y que yo, como tú, de noche oigo
cómo se pierde el pensamiento,
confuso entre mi carne y tu recuerdo.

Mas retiro mi rostro de tus ojos
porque ya no podré pensar una palabra
que no habite tu nombre,
y porque surges hasta del silencio
como enemiga que desdeña el arma
y de improviso nace entre las sombras,
cuando sin ti yo no sería
sino un olvido abandonado
entre las ruinas de mi pensamiento.

Alí Chumacero

La muerte bajo el agua
y la noche navega lentamente.
Herida va mi sangre,
más ligera que el sueño
y el despertar sediento del inicial recuerdo.
Una mortal navegación a oscuras,
marítimo dolor, cristal amargo;
un estar descendiendo
sin encontrarse asido,
como un río que fuera de los pies a las manos
junto al sopor nocturno;
un tornar las cortinas de la sangre,
la boca atropellada de silencios,
como si labios húmedos
cayeran en mi huella
deletreando ausencia entre las manos.
¿Quién asciende hasta el último suspiro?
¿Quién bebe la cicuta del agua entre la muerte?
¿Quién destroza el silencio?
¿Quién en silencio vive?

Dejo flotar mi piel
a través del cristal en que me ahogo
como espejo en la noche,
más delgada mi sangre y mis nervios al aire:
esfuerzo que me hunde en lo destruido,
voraz calor que me devora.
El sonido, ah cómo sabe a río,
urdido como estrellas apenas presentidas,
resbala por la piel de mis espaldas
cuando descubro, trunco,
el tallo derrotado en que me creo;
su beso es el comienzo de la muerte,
el negro navegar
y la escala sin brazos.
Me hundo en un océano de yodo;
sabor de invierno lecho en selva de mi carne,
cazadora nocturna,
que herida ya en su forma
descúbrese en dolor adormecida.
Así me voy perdiendo cercado en mis contornos,
cercano a mi silencio
cuando navego en aguas de la muerte.

Alí Chumacero

De rosas y canto saturada,
contra el origen de tu ser sublevas
un recuerdo de labios naufragando
y la temida enemistad
de presuroso y fugitivo aroma,
bajo el silencio idéntico
a tu inútil sosiego de virgen desolada.

Mudas fuera al tiempo, pero sabes
dejarte abandonada y te sometes
como la flor al mar,
igual que entre los labios vuela el canto,
e insiste sobre el mundo tu fatiga,
la dura soledad de tus sentidos,
suma de amor y lágrimas que mi latir inundan
de este vano sentirte agonizando.

Opones sólo amor y te conserva
la esperanza invencible de mi cuerpo,
como si al derrumbarte
cuando cierras los ojos y en ti misma
soportas la caricia que en inmóvil te torna,
entonces navegaras a mí y te defendieras,
ya sin saber de ti,
deshabitada flor y canto destrozado,
rescatada del mundo
y hecha estatua abatida en un invierno.

Alí Chumacero