Dos veces al año
florecen tus rosas,
y dos veces
la ceniza en el cacto,
las fases de la lluvia.
¿Te importará
que deseche tal imagen,
modelo, verso heredado,
para que nuestros ojos bendigan
el equilibrio,
y urda en cambio, al tocarte,
un desafío a lo perdido, el fantasma
de tu opulencia, la sombra
helénica que viene del mar, trae el fuego,
la profecía, el templo, la sórdida apoteosis
del comercio y del arte?
¿Te modifica, rompe
el quieto, eternizado paisaje
de arbustos,
el aliento
del que sin dejarse detener
por la dorada promesa del verano
atisba en tus facciones,
despojos
cuya gloria
duerme al sol, obstinada,
inmune al incendio?
Dos veces al año
mi hogar entre rosas, oh presencia
de un hogar que tus dioses borraron.
Dos veces
la nostalgia
ensombreciendo, aplastando rosas.
¿Te disminuye, tibia Paestum,
que este sea mi pago? ¿Tomarás el pooma
como algo menos efímero
que el momeneo de dejarte?

Alberto Girri

    Que la finalidad
sea provocar el sentimiento
de las palabras,
        y alcanzar
el desafío de la expresión,
perseguir objetos
que se ajustan al sentimiento,
hundirse en objetos
hasta la emoción adecuada,
        está probado,
y tanto, probado y probado,
como no lo está
el que en esos tránsitos
la tendencia madre sea
por dónde va la inspiración,
        «si enfrío o en caliente»,
y no lo está
que haya que seguir a Homero
entre las Musas, su rogar que lo asistan,
        y a Platón
saludando hermosos versos
más en mediocres pero iluminados
que en sagaces y hábiles exclusivamente
al amparo de sus propias fuerzas,
        y a Dante, el reclamar
la intervención de dioses
acaso sin creer en ellos:
        O buono Apollo, all´ultimo lavoro
fammi del tuo valor
Pero tampoco ninguna
terminante prueba hacia lo opuesto,
        que el poema
se conduzca en la mente como un
experimento en una ciencia natural,
        y que la aptitud
combinatoria de la mente sea
la solo inspiración reconocible.

Alberto Girri

De algún modo soy tu cuerpo,
Me designo en él, me quema
En la mentira útil como un remo,
En la desgracia y la amorosa lucha
Abriendo Los huecos de su máscara.
Pero no me lo permitas,
No me dejes ser sólo tu cuerpo.
De algún modo soy tu cuerpo,
Cuando la rica, inexplicable sangre,
Transcurre en medio de representaciones.
Y lo seré hasta que cenizas
Acaricien tu prestada, última parcela.
Pero no me lo permitas,
No me dejes ser sólo tu cuerpo.
De algún modo soy tu cuerpo,
La opresión que difunde me sostiene,
Y no en otro descienden las palabras,
Urde la disculpa el vejado sermón
Por nuestras pasadas facciones.
Pero no me lo permitas,
No me dejes ser sólo tu cuerpo.
De algún modo soy tu cuerpo
Y si en atención a su dañina mengua
Me cuido bien de mirarlo como esencia,
¿Con qué prodigio, incisivo milagro,
Percibiré tu pasión cuando lo excluya?
Pero no me lo permitas,
No me dejes ser sólo tu cuerpo.

Alberto Girri