A la muerte de D. Rodrigo Calderón

Éste que en la fortuna más subida
no cupo en sí, ni cupo en él su suerte,
viviendo pareció digno de muerte,
muriendo pareció digno de vida.

¡Oh Providencia nunca comprendida,
auxilio superior, aviso fuerte:
el humo en que el aplauso se convierte
hace la misma afrenta esclarecida!

Purificó el cuchillo los perfectos
medios que religión celante ordena
para ascender a la mayor victoria,

y trocando las causas sus efectos,
si glorias le conducen a la pena,
penas le restituyen a la Gloria.

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